No todos los días estamos tan receptivos ante las maravillas de Dios, como para disfrutar de ellas y perdernos en la inmensidad de su esplendor, sin embargo, hay quienes llenos de inocencia son capaces de trasladarnos de lo cotidiano del día, con todo y nuestras situaciones internas, a la majestuosidad de un momento único, irrepetible e impactante. Leon, un niño con tan solo cinco años, empapado de la inocencia, honestidad y pulcritud que su edad encierra, quien es miembro de la familia para la cual ahora trabajo; fue capaz de llamar mi atención, de hacerme dejar lo que estaba haciendo, lo cual consideraba yo de vital importancia, usando las palabras: Yami ven, muy rápido, es hermoso, te va a gustar, te lo vas a perder ; solo para que pudiera yo contemplar la puesta de sol que desde la ventana de su cuarto se visualizaba. Al entrar yo en su cuarto, y ver el mi asombro, me dijo: vez, que es hermoso! Sí, le dije, muy hermoso. Sí, fue hermoso, impactante, me quede prendi...
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